Calle Prolongación Abasolo
Amecameca de Juárez, Edo. Méx.

 

SANTUARIO BOSQUE ESMERALDA,
HABITAT NATURAL DE LAS LUCIERNAGAS

 

Fotografía: Rafael Parrilla, 2016

La conservación de los bosques de Encino-Pino en el ejido Emiliano Zapata del municipio de Amecameca, Estado de México ha permitido que en esta zona se preserve el hábitat de las luciérnagas, una especie endémica del lugar que ofrece en los meses de junio, julio y agosto un espectáculo natural de luz en medio de la noche.

 

Bosque Esmeralda en el Ejido Emiliano Zapata, Calimanca “La Gran Casa”, se localiza al Oriente  del estado de México, su zona boscosa de 96.7 hectáreas compuesta por bosques de pino-encino se caracteriza por su clima templado-frio y húmedo, a una altura de 2,640 metros sobre el nivel del mar, ecosistema característico para el “Avistamiento de las Luciérnagas”, donde se cuida, protege y preserva el patrimonio natural de esta región.

 

Actualmente este Santuario de las Luciérnagas se encuentra protegido por 27 ejidatarios que desde el año 2011 han desarrollado actividades de reforestación, mantenimiento, obras de conservación de suelos forestales, así como trabajos de protección como brechas cortafuego, cercado, saneamiento forestal con el propósito de conservar sus 96.7 has en el ejido Emiliano Zapata, los resultados a la fecha saltan a la vista se han podido rescatar especies de flora y fauna, una de ellas las luciérnagas que desde hace 4 años han incrementado sus poblaciones de manera significativa, encontrando en este sitio alimento y hábitat necesarios para la proliferación de su especie.

Su clasificación taxonómica es la siguiente:
 
Reino: Animalia.
Filo: Artrópoda.
Clase: Insecta.
Orden: Coleóptera.
Suborden: Polyphaga.
Infraorden: Elateriformia.
Superfamilia: Elateroidea.
Familia: Lampyridae.

Las luciérnagas son insectos coleópteros que pertenecen a la familia Lampyridae, se les conocen como las hadas del bosque o escarabajo con luz, su ciclo biológico es bianual su cuerpo está compuesto de cabeza, tórax y abdomen. Los machos son insectos alados, las hembras no pueden volar y se encuentran en el suelo, piedras y/o en la corteza de los árboles.



Fotografía: Rafael Parrilla, 2016

La especie que habita nuestros bosques se llama Macrolampis palaciosi y tiene una amplia distribución dentro del eje neo volcánico (Tlaxcala, Puebla, Estado de México), actualmente en el ejido Emiliano Zapata se está llevando a cabo la investigación de estos coleópteros por lo que se están realizando muestreos con el apoyo de la División de Ciencias Forestales de la Universidad Autónoma Chapingo a través de reconocidos entomólogos como el Dr. José Tulio Méndez Montiel y el Maestro Rodolfo Campos Bolaños quienes desde el mes de enero de 2016 están evaluando el ciclo biológico de nuestra luciérnaga, el objetivo es crear la primera Unidad de Manejo Ambiental (UMA) de las Luciérnagas que fomente su conservación y protección, así como su importancia biológica dentro de un ecosistema forestal.

 

"La luz es producto de unas reacciones químicas en las que una molécula, la luciferina, reacciona con oxígeno y ATP (Adenosín Trifostafo, el vehículo de la energía química de muchas de las reacciones internas de los seres vivos) y desprende energía luminosa. Para que esta reacción se produzca es preciso el concurso de otra molécula, la luciferasa, que actúa como enzima catalizadora, el  producto de esta reacción es CO2 y AMP (oxiluminiscencia)." (Greguerias, sf)


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"¿Sabías que? La luciferina es una molécula muy pequeña, compuesta por apenas 20 ó 30 átomos, mientras que la luciferasa es una proteína muy compleja que se presenta bajo diferentes variantes que dan lugar a diferentes tonalidades de luz en las especies que han desarrollado este sistema. La reacción produce una luz amarillento-verdosa." (Greguerias, sf).

 

"La luz de la luciérnaga es por lo general intermitente, y brilla de un modo específico en cada especie. Cada forma de brillar es una señal óptica que ayuda a las luciérnagas a encontrar posibles parejas. Los científicos no saben exactamente cómo regulan los insectos el proceso de encender y apagar su luz. La luz de la luciérnaga podría servir también como mecanismo de defensa, al emitir una señal clara de que el insecto no es un bocado apetitoso. El hecho de que incluso las larvas sean luminiscentes parece apoyar esta teoría." (National geographic, 2011).

 

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"Su ciclo biológico es muy interesante, comienza en los meses de junio, julio y primeros días de agosto,  las larvas pasarán al estado de pupa; posteriormente emergerán las hembras y los machos con un desfase de unos cuatro a seis días entre ellos. Pocas horas después, las hembras comienzan su cortejo luminoso, curvando su cuerpo para mostrar las placas luminosas de la parte inferior del abdomen. Una vez que consiguen llamar la atención de un macho, se aparean y realizan la puesta de unos 50 a 150 huevos esféricos, los cuales miden aproximadamente 1 mm de diámetro y que inicialmente, y durante unos días, pueden brillar con una luz amarilla mortecina. Un mes más tarde las larvas eclosionan." (Greguerias, sf).

"Con tan sólo 5 mm de longitud, su principal tarea consiste en buscar la primera presa. Tras reposar unas horas para que la cutícula se endurezca, comienza una azarosa marcha en busca de caracoles, babosas, lombrices, gallina ciega son depredadoras voraces. Las larvas pueden recorrer 5m de distancia por hora, hasta 120 m de distancia por día." (Greguerias, sf).

 

Durante su primer otoño en Bosque Esmeralda las larvas se dedican a buscar caracoles, lombrices, gallina ciega, pudiendo mudar una o dos veces hasta que con los primeros fríos entran en estado de hibernación bajo troncos, piedras u hojarasca. En los lugares en donde las temperaturas no descienden por debajo de los 4º C por la noche, pueden seguir cazando las presas antes mencionadas y brillar durante todo el invierno.

A lo largo de su desarrollo la larva pasará de cuatro a siete mudas: la piel se abre para dejar paso a un cuerpo evidentemente mayor pero que conserva las mismas características en cuanto a la forma y color del cuerpo.


Fotografía: Rafael Parrilla, 2016
La larva se muestra activa principalmente en las horas nocturnas, evitando el día debido a la gran insolación. Está adaptada a los hábitos de sus presas y a los ambientes húmedos.

Las larvas son capaces de seguir el rastro mucoso de los caracoles y babosas detectándolas con el par de palpos que tiene en su cabeza.

 

Una vez que ha localizado a su presa, la larva monta sobre ella. Cuando el momento sea propicio, la inmoviliza con un mordisco con sus mandíbulas, que cuentan con un conducto a través del cual pasa un jugo secretado por el intestino de las larvas que además de paralizar a la presa, rompe y digiere sus tejidos, convirtiéndolos en una papilla que puede ser fácilmente absorbida. Durante su desarrollo, una larva puede comer más de setenta caracoles.

El sueño invernal concluye con la llegada de la primavera: la larva, a partir de entonces, experimentará sucesivas mudas que le llevarán hasta  alcanzar un tamaño próximo al definitivo a finales de septiembre u octubre, cuando hibernará por segunda vez.

 

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En los meses comprendidos entre abril y junio se ha observado que la larva puede abandonar sus hábitos básicamente nocturnos, siendo posible encontrarla marchando incluso a plena luz del día, en un vagabundeo continuo que apenas tiene descanso. Aunque no se conoce con certeza a qué se debe ello, es probable que sea un modo efectivo de asegurar la dispersión de la especie y conquistar nuevos lugares aptos para el establecimiento.

 

En Bosque Esmeralda en el mes de junio la larva está preparada para pasar al estado de pupa. Para ello buscará un sitio protegido como un tronco o una piedra, principalmente en los senderos de Tláloc, las barrancas de Calimanca y Tepecahuisco. A menudo se junta un grupo de larvas para pupar, lo que parece ser una ventaja para la fase siguiente, puesto que como las hembras no se desplazan prácticamente así se aseguran la presencia cercana de los machos.

 

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Diez días después emerge la hembra. Los machos se demoran unos cinco días más, aunque estos periodos de tiempo también muestran una cierta amplitud, comenzando la fase del cortejo donde principia este peculiar ciclo de vida.

 

Se estima una población promedio de 160,000 luciérnagas por hectárea para el mes de junio y hasta el doble a mediados del mes de julio. (Tulio Méndez, 2016)

 

La temporada de luciérnagas en el Santuario Bosque Esmeralda puede ser visitado a partir de las 19:30 a 22:00 hrs del 15 de junio al 07 de agosto de cada año, después de vivir esta hermosa experiencia te invitamos a disfrutar del campamento de la danza de las luciérnagas en donde podrás disfrutar de la búsqueda del tesoro, quema de bombones, una gran fogata y al otro día tendrás la oportunidad de realizar un trekking matutino por senderos interpretativos; y para cerrar con broche de oro, tendrás un 30% de descuento en tirolesa, canopy, muro de escalada y/o puentes colgantes. No lo pienses más y ven y vive una experiencia al natural.

 

Autor: Rafael Parrilla, 2016

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